El enfermito.- Cuento.-Melba Reyes
Este cuento lo escribí pensando en guardarlo para participar en algún concurso. Quizá en el mismo no lograra un buen sitio, no sé... A veces actúo temperamentalmente y, ¡zas!, se me ha ocurrido colocarlo aquí. Como soy llorona, cuando releo el final, derramo mis lagrimitas provocadas por sentimiento maternal. Espero que les guste. Melba
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El 'enfermito'.
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El 'enfermito'.
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La Ligia tuvo un parto normal. El embarazo había transcurrido sin contratiempos y, llegado el término, la ruptura de la fuente ocurrió a las seis de la mañana y cuatro horas después ya había nacido Antonio. Por san Antonio de Padua, dijo ella, 'porque mi santito siempre me cumple los milagros' aunque el único que le había pedido rezándole novenas y poniendo la imagen envuelta y cabeza abajo era el de conseguir novio y casarse. Se había casado con Lorenzo a los treinticinco años cuando ya los vecinos y conocidos aseguraban que 'la había dejado el tren', 'que se había quedado para vestir santos'.
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Antonio era una sorpresa. Eran los años sesenta, tiempos en que no se podía predecir el sexo de los niños, pero varias mujeres le aseguraron que por la forma de la barriga sería una niña. Así que con mucha ilusión la Ligia tejió, bordó, cosió ropita predominantemente rosada, según la costumbre. Pero 'a última hora el papa tuvo que conseguir ropita celeste y amarilla, qué vaina, ¿no?, con todo lo que había gastado, sin embargo no importa cualquier sacrificio si de un parto normal resulta un hijo normal', comentó ella después.
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Antonio iba creciendo. En tamaño y en sorpresas. Su cabeza alcanzaba un desarrollo atípico, más grande de lo que cabía esperarse en las distintas etapas de su crecimiento. A los tres años lo que más atraía la atención de él eran sus ojos vivaces, brillantes, móviles. Parecía comprender todo pero no emitía sonidos. Por los movimientos de los ojos se apreciaba que lograba oir, los médicos habían revisado su lengua y nada especial llamaba su atención. A los cuatro años era imposible ponerlo a aprender las primeras letras. A los cinco aún no hablaba ni caminaba. Su madre, desalentada, habiendo consultado a una gran variedad de médicos sin que hubiese un criterio único de lo que se trataba lo tenía la mayoría del tiempo en una silla de ruedas. Para distraerlo lo instalaba por las tardes, a las cuatro, en el porche para que se distrajese viendo a los transeúntes pasar.
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Estaba Antonio en una de esas tardes cuando de sus labios su madre oyó decir. Mama, vení. A punto de desmayarse corrió llegando al colmo del paroxismo cuando él siguió hablando. Mama, esa mujer que va allí pasa todas las tardes para la iglesia. Para entonces el niño ya era conocido por la mayoría que lo había visto como el 'enfermito'. 'Eso le pasa a la Ligia por haber tenido a ese hijo ya vieja', 'por haberse casado con ese bolo que no hay fin de semana o día de fiesta que no se emborrache'... Y aconsejaban a las jóvenes que cuidado iban a tener hijos habiendo sobrepasado los treinta años.
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Corrió el rumor que 'el enfermito' había hablado. Y a partir de entonces, varias personas se apostaban a esperar que dijese algo. Pasaron varios días y el mutismo del niño no desanimaba a sus contempladores. Un día dijo que la lotería caería en un número que alguien logró anotar consiguiendo lápiz y papel de alguna manera. La persona buscó el número por diversos sectores de Managua y ¡vaya!, obtuvo el premio mayor.
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Gran cantidad de personas se arremolinaba esperando que la Ligia instalara a Antonio en el porche. Ella quería dejar la costumbre pero si pasaba unos tres minutos sin hacerlo el murmullo de protesta se volvía ensordecedor. Y ante tanta gente fue necesario recurrir a la fuerza pública para que no se obstaculizase el paso por la calle.
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Antonio parecía no enterarse de cuanto ocurría a su alrededor. Entornaba ligeramente los ojos y se aislaba del mundo exterior. De vez en cuando estornudaba y la masa de gentes cobraba vida, se movían queriendo verlo quienes no alcanzaban a hacerlo. Esperaban que saliera del mutismo y dijera algo sobre números de lotería. Algunos impacientes se atrevían a gritar 'en qué va a caer la lotería'. Y pasaban los días y la afluencia de personas no disminuía, todo lo contrario. Los vendedores de helados y refrescos 'hacían su agosto' y pensaban en la buena suerte -y el calor- que les permitía vender grandes cantidades de sus productos.
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Todo el funcionamiento de la casa se había trastornado y Ligia estaba al borde de la extenuación. Tranquila, mama, dijo el niño. 'Todo ésto no va a durar mucho. Pronto vas a descansar porque ya mi vasito de vida está por agotarse'. El corazón de la Ligia se sintió atenazado pero agradablemente sorprendida. ¡ Su niño del alma le había hablado! 'No digás esas cosas, mi tesoro, vos sos mi vida, la alegría de mi existencia, qué va a ser de mí, por favor no me torturés, vas a ver que vas a vivir muchos años para mi alegría'
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Pocos días después en una de las tardes en que en que muchas personas del grupo peleaban y discutían para estar los primeros en las filas Antonio habló. 'Usted señora, la de vestido azul con flores rojas, es mejor que deje de engañar a su marido porque si él se entera su amante se verá en serios aprietos y usted misma también. Y usted, señor, de la camisa de cuadros verdes, va a descubrirse que mató a su cuñado'. Las personas aludidas salieron rápidamente del grupo y se marcharon tratando de esconder el rostro. Los de atrás querían saber lo que se había dicho pues no alcanzaban a oir. Cuando todos se enteraron de lo que ocurría sólo unos cuantos, como una cuarta parte, se atrevió a continuar esperando oir lo que el niño quisiera decir. Pero él se encerró nuevamente en su mundo interior completamente ajeno a lo que ocurría en el exterior.
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Al día siguiente el grupo había disminuido considerablemente. La madre sacó al hijo media hora más tarde y no se oyeron protestas. Tampoco se oían muchas voces. Los subsiguientes días llegaban menos personas y cada vez más tarde. A las dos de la tarde empezaban a llegar y se retiraban a las seis cuando la Ligia retiraba al niño para darle de cenar.
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'Mama, ya voy a cumplir siete años. Por mi cumpleaños regalame un viaje al lago de Granada, quiero pasear en lancha' 'Cómo no, mi tesoro, mi consentido del alma', contestó ella mientras trataba de entender cómo sabía él la existencia del lago y de los paseos en lancha. 'Qué importa cómo lo sabe, lo importante es que empieza a vivir, que está saliendo de esa postración', analizaba. 'Mama, siento que allá está un pájaro blanco que me dice vení, vení, vení. Y yo quiero ir. Cuánta tranquilidad y belleza hay allí, es un paraíso con tanta agua dulce y todas esas isletas'
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Asustada y a la vez contenta la madre programó el viaje al que se sumó Lorenzo. Mientras la lancha avanzaba hacia las isletas gran cantidad de garzas alzaba vuelo, bajando o subiendo los árboles de la ribera. El niño manifestaba un gozo inusitado. Reía y lloraba feliz.' Uno de esos pájaros me está llamando' y la madre al escucharlo lloraba silenciosamente tratando de disimular las lágrimas. Sentía como si dos enormes manos le apretujaran el corazón. La lancha discurría entre dos isletas. 'Mama, dame la mano'. Amorosamente la madre extendió la mano. Él la tomó, le dio un beso y la colocó sobre su pecho. 'Mama, no llorés ni sufrás, mi vasito de vida se me está acabando en este momento. Cuidate y viví tu vida tranquila, yo voy a estar bien, y vos, papa, ya dejá de beber guaro, no martiricés a mi mama'.
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Antonio reía y gruesas lágrimas bañaban su rostro. ' Allí está el pájaro que me está llamando...' .Extendió el brazo señalando a un grupo de garzas que posaba en un árbol y en ese instante alzaba vuelo. Una de las garzas se separó del grupo y hacía piruetas como si danzara en el aire.Y mientras miraba que las aves remontaban los aires, la Ligia sintió que el corazón de su hijo se quedaba quietecito. A lo lejos, la garza danzarina, como si un rayo la fulminase se precipitó sobre las aguas formando círculos concéntricos.
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Nota :La imagen, una escena en el lago Cocibolca o de Granada -Nicaragua-, fue tomada de Internet..


10 (Regáleme su comentario):
Hermosísimo cuento.
A la vez ejemplar, el ver que el niño sabía poner a la gente en su sitio.
Además mientras lo leía, era como si pasara una película por mi imaginación, de tan bien relatado.
Gracias por compartirlo.Un abrazo.Montserrat
¡Que bonito!. Ahora entiendo por qué lo has tenido guardado.
Era Antonio un ser especial, al que el vasito de la vida se le acabó de una manera también especial.
Me ha gustado mucho.
Bicos.
Melba
Me gustó tanto el cuento que te doy el Primer Premio.
Tienes arte para escribirlos, así que te animo a continuar haciéndolo para disfrute tuyo y de todo tus afortunados lectores.
Un abrazo.
Juan Antonio
pues es hermoso el cuento.
Saca más cosas de estas!no lo guardes tanto!
Me gustó el cuento. Hay que seguir escribiendo.
Saludos
Hermoso cuento, mágico y sugerente. Enhorabuena.
Querida amiga, me alegro que te decidieras a compartir tu cuento con nosotros. Me ha gustado mucho pues está lleno de amor y de fantasía, como deben de ser los cuentos, además de sacar buenas enseñanzas.
Como los anteriores comentaristas te animo a que sigas escribiendo.
Un abrazo grande
Conchi
Me has hecho lagrimear.ESTÁ RE BONITO.
Melba eres un encanto! Tienes mucha arte y mucho para ofrecer dentro de ti!
Me gsuta que lo compartas!!
Amiga como siempre un placer pasar a visitarte!!
Te dejo un relajante y cálido abrazo para todo tu ser!!
Beatriz
Melba, esto es precioso!!! ¿Cómo no escribes más? No nos niegues a tus amigos ese don que te hace escribir cosas tan lindas. Me ha encantado el cuento, mi piel se erizaba mientras lo leía. Mi más sincera enhorabuena. Un abrazo fuerte,
Víctor (con la lágrima flojita)
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